Hay una diferencia entre un proyecto que ha terminado y un proceso que ha cambiado de verdad.

Un proyecto termina cuando se entregan los resultados, se cierran los pendientes y se da el visto bueno final. Pero el cambio real no está en la entrega. Está en lo que ocurre tres meses después.

Cuando trabajamos con un cliente, la primera señal de que el cambio ha funcionado no es que el sistema funcione. Es que el equipo lo utiliza sin que nadie les recuerde que debe funcionar.

La segunda señal es que saben arreglarlo cuando falla. No llamarnos a nosotros. Entender por dónde ha fallado y saber cómo recuperarlo. Eso es autonomía real.

La tercera señal es que lo amplían. Que cogen lo que hemos construido juntos y le añaden algo que nosotros no habíamos previsto. Cuando un cliente mejora tu trabajo, es que lo ha hecho suyo.

Tenemos una pregunta que hacemos siempre seis meses después de cerrar un proyecto, si podemos: "¿Qué cosa os habéis dado cuenta que funciona diferente ahora, que no sabríais volver atrás?" Si hay una respuesta clara, el cambio ha arraigado. Si no la hay, hemos hecho un proyecto pero no hemos cambiado nada de forma duradera.

Nuestro objetivo no es que el sistema funcione mientras estamos nosotros. Es que funcione cuando ya no estamos nosotros.

Cómo medimos lo que ha cambiado · Cuándo es demasiado pronto para automatizar